domingo, 4 de noviembre de 2012

05. - “La salida inconclusa”



-          Quiero salir a una disco un día

Micaela detestaba las fiestas y tenia sus motivos, así que grande fue mi sorpresa cuando escuche aquellas palabras de su boca, mi respuesta era obvia:

-          ¿Queeeee?... ¿estas enferma o algo así?

-          Quiero hacer un intento pues, solo hay un problema, que mi mama no me deja ir sola, tendrías que acompañarme.

-          Vaya dilema en que me pones, así que entonces tengo que ir a tu casa a recogerte; espera déjame representar eso en mi mente: la típica escena del muchacho que va a recoger a su “enamoradita” para salir y sentarse a esperarla que termine de cambiarse mientras el chico es sometido a un interrogatorio por los padres de ella, ¿verdad?

-          Si, mas o menos, pero anda sacando eso de “enamoradita” porque sonó muy huachafo, y lo de los padres no te preocupes, solo es mi mamá y apuesto que le caerás muy bien

Solo atine a reírme junto a ella

Así pues esa noche estaba frente a su casa tocando el timbre, esperaba ver a Justina, la chica que cuidaba de ella en ausencia de su madre, pero vi aparecer tras la puerta a  la señora Maria, su mamá.

-          Buenas noches Señora, se encuentra Micaela

-          Hola, si claro pasa, tu eres Rodrigo verdad, Mica esta por bajar, espérala en la sala, ya no tarda en bajar, siéntate, disculpa que te deje pero estoy por salir

Me senté en el sofá  y vi desaparecer a la mama de Micaela en la cocina, era igual a ella y supuse que así se vería dentro de algunos años, tenía los mismos ojos y la misma mirada imperturbable.

Enseguida bajo Micaela, tenia las mismas fachas de siempre, aquellas zapatillas que no dejaba nunca y unos jeans apretados, me saludo con un hola, mientras corría hacia la cocina, salio con su mama  que traía un jugo de naranja entre sus manos, su voz me dejo helado:

-          Bueno mamá ya me voy, regreso temprano, si me pasa algo ya sabes a quien echarle la culpa – mientras me miraba con aquellos ojos solo comparables con los de su madre

Solo atine a sonreír y su mama también.

-          Discúlpala me dijo – a veces dice cada cosa esta chica

Su comentario fue de mucha ayuda

-          A lo mejor es de herencia mama – respondió

Esta vez mi sonrisa debió ser mayor, pues note un pequeño sonrojo en doña Maria mientras me ofrecía el jugo de naranja

-          Ya mamá, déjate de esas cosas que nos tenemos que ir ya

-          Esperate le dije, no quiero ser descortés, déjame tomar esto, además estoy un poco acalorado - me tome el jugo despacio para hacer tiempo, me despedí de su madre y salimos de su casa.

Ya afuera le comente que su madre me había caído bien y como ambas compartían la misma mirada, ella me dijo que parecía que yo también le había agradado; no le creí pues pensé que eran una mas de sus bromas.

Salimos caminando, ella me guiaba, aunque como siempre casi nos separábamos de vez en cuando, le pregunte:

-          ¿Adonde vamos?
-          Vamos al “Tótem”  dicen que esta buena esa discoteca, habrá que probar…

Tomamos un taxi y en 10 minutos ya estábamos ahí, le dije que me esperara mientras compraba las entradas y preguntarle por última vez si estaba segura de entrar.

-          Si pues, para eso vinimos verdad, no me he bañado por las puras bromeó… - Y con menos ganas que antes decidí entrar

Adentro como era de suponer todo estaba lleno de luces y la música bailable, los del momento, los que “están de moda”, los que escuchaban todos los muchachitos de aquel entonces, ahí no iba a esperar que me pusieran Manson o Nirvana, nada de eso
La vi irse a la barra por un trago, fui tras ella, mientras veía como unos chicos la miraban con los ojos tipicos de un adolescente que mira un cuerpo bonito; me dejo pagar su Pisco Sour.

-          Si me emborracho me llevas a mi casa ¿ya?
-          Procura no hacerlo mujer, que tu mama me ha confiado tu cuidado – le dije irónicamente

Y estallo en risas – A mi nadie me cuida tarado, solo me llevas nada mas, ¿o que? ¿Quieres llevarme hasta mi cuarto y desvestirme?

-          Pervertida, insulsa, sabes que lo haría si fuera necesario...

Es estupido pero se escucho gracioso en ese momento

-          Ya, ya, se supone que has venido a bailar verdad, aun sabiendo que a mi no me gusta, - le dije - asi que mejor busca con quien. Estoy seguro que hay muchos chicos por ahí que querrán…yo vi a algunos babeando detrás de ti mientras veníamos a la barra

-          A ver déjame ver…- me dijo mientras salía a la pista de baile.

La vi bailar como tres veces con chicos diferentes, bailaba muy bien para no gustarle, regreso a los 20 minutos hasta donde yo estaba, tenia cara de pocos amigos.

-          Vámonos de aquí! Solo hay mocosos estúpidos que lo único que quieren es pedirme mi numero telefónico… Vámonos!

Me reí a carcajadas, y eso la enfureció más

-          ¿En verdad quieres irte?
-          Si, vámonos – respondio casi sin mirarme

Asi que, aun riéndome evitando que me viera, salimos a la calle

Ya afuera y para calmar un poco su mal humor le dije:

-          Ya que estamos fuera, porque no vamos a tomar un café, ¿que dices?

Creo que a regañadientes pero igual acepto

Fuimos a “La Otra Tiendecita” asi se llamaba el café-bar cerca de la disco donde estábamos, se pidió un café Express, yo todavía reia, así que mejor decidi conversar un poco con ella

-          ¿Un café Express?, ¿Y eso?, ¿Acaso para la resaca?
-          No – me respondió – el café tiene que ser así, si no es Express es para maricas

Volví a sonreír por enésima vez. Pasamos una noche entre trago y café, regresamos temprano a su casa y nos pusimos a ver televisión: “La vita e bella” de Benigni; su mama para variar no había llegado a casa.

Micaela se quedo dormida en el sofá, al lado mio, no quise despertarla, la luces de la noche se colaban por la ventana y mostraba su silueta casi felina, se le veía hermosa, al parecer le molesto mucho el haber salido ese día, aunque en parte me sentí culpable por ni siquiera haber intentado bailar con ella.

Trate de salir sin hacer ruido para no despertarla, entre a su habitación y saque un cobertor para cubrirla, pero al hacerlo, sus ojos se entreabrieron y entre sueños me dijo: gracias por acompañarme; solo atine a decirle que durmiera ahora

Sali de su casa rumbo a mi departamento, las luces de la Avenida Larco alumbraban una que otra pareja que regresaban a sus casas.

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