jueves, 1 de noviembre de 2012

01. - "El día que desearía olvidar"


-¿Dónde estoy?

Y el murmullo quedo flotando en el aire espeso y opaco de la habitación, como si de verdad lo hubiera llegado a pronunciar…

-Todavía estoy vivo…-

El alcohol y la cocaina dejan sus rezagos de malanoche, mis oídos ya no son lo mismo de siempre; intento ponerme de pie, llegar a la cocina para saciar la sequedad de boca que me agobia, como si el agua calmara también la sequedad de mi alma, no siento mi cuerpo y floto en la soledad de la habitación

- Aun estoy vivo -

Mis piernas no responden, intento ponerme de pie, ya casi lo consigo, me arrastro, es en vano vuelvo a caer.

Los fantasmas que se esconden en la oscuridad regresan a fastidiar mi vida los escucho tan cerca golpeando con sus pasos fríos; lo sé; por la habitación, llegarán hasta mi pecho y arrancarán mi alma una vez mas…

Un ruido - ¿de donde vino eso? – mis oidos ahora no son capaces de distinguir el espacio como si todo saliera de dentro de mi cabeza, o como si el sonido llegara a mi cerebro de manera directa sin pasar primero a traves de mis tímpanos…
Claro es la puerta de la sala la que da afuera del departamento abriendose; trato de voltear mi cabeza para alcanzar a ver, casi imposible, mis fuerzas se acaban…

Una voz me despierta de mi letargo, mientras su mano toca mi espalda

- Y así dices que eres mejor, ni siquiera te puedes levantar, déjame ayudarte, yo no los defraude, solo quiero que se den cuenta de algo que…

- ¡Cállate de una vez maldito traidor, para que vienes de nuevo - llegue a decir , las palabras mezcladas con la ira sonaron claramente – Cállate de una vez, aquí nada tienes que hacer ya

- Por lo menos déjame ayudarte a ponerte de pie – la voz de Eduardo sonó haciendo estragos en mi cabeza victima del alcohol y la cocaina

- ¡Déjame en paz, lárgate de aquí, aquí ya nadie quiere verte – y la ira hablaba por mi.

Como es la vida de irónica que a veces nos enseña de la manera mas dura lo que necesitamos aprender.

Eduardo se fue ese día y yo no quise saber nada más de uno de mis mejores amigos, aquel que había traicionado nuestro “pacto ”, solo supe de él cuatro meses despues cuando una voz por telefono me dijo:

- Eduardo falleció…   

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